No saben cuánto
Le daba mucho gusto verla. No saben cuánto. La veía y su corazón se ponía alegre. Tan sólo su risa era especial pues le daba un toque femenino encantadoramente irresistible. Sin embargo sus miedos afloraban sin piedad. En otras ocasiones ya le había sucedido algo parecido. Por ejemplo, hace unos tres años conoció a una chica de nombre Soledad, muy recatada. Era tierna pero de esas chicas salvajes que golpean el corazón sin piedad.
Todos los días al llegar a su trabajo pensaba en ella. Así empezaba siempre, con su imagen en la mente. Sólo de esa forma soportaba la tensión laboral. Lo más hermoso de todo es que cuando conoció uno de sus ensayos se comunicaba con él diariamente para salir. Le decía por el correo electrónico: "estoy pensando en ti; llámame". Era hermoso aquello. Le resulta fascinante y estimulante que una persona con su simple presencia le animara a tanto.
Verla para él era un agasajo. No hubiera cambiado esa situación por nada. No lo habría hecho aunque le hubieran ofrecido millones de pesos. La razón, su imagen le alegraba y le hacía sentir vivo aunque ella no le pertenecía.
Todos los días al llegar a su trabajo pensaba en ella. Así empezaba siempre, con su imagen en la mente. Sólo de esa forma soportaba la tensión laboral. Lo más hermoso de todo es que cuando conoció uno de sus ensayos se comunicaba con él diariamente para salir. Le decía por el correo electrónico: "estoy pensando en ti; llámame". Era hermoso aquello. Le resulta fascinante y estimulante que una persona con su simple presencia le animara a tanto.
Verla para él era un agasajo. No hubiera cambiado esa situación por nada. No lo habría hecho aunque le hubieran ofrecido millones de pesos. La razón, su imagen le alegraba y le hacía sentir vivo aunque ella no le pertenecía.
El tiempo pasó y Soledad mostró el cobre del que estaba hecha. Le pidió a ella que le acompañara al hospital para hacerse un chequeo de los ojos y le dejó plantado para siempre. En realidad no estaba molesto. Nunca lo estuvo aunque si le embargó la tristeza con su adiós.
Su consuelo era que una chica como ella no sale con alguien que no le guste y ella lo eligió en algunas ocasiones. Tiempo después conoció a otra chica. Tampoco tuvo nada con ella y le hacía feliz con su presencia. Se estaba repitiendo la historia pero esta vez mucho mejor. La muchacha era especial, pues tenía esa chispa que mueve a uno a hacer cosas en nombre del amor. Por cosas del destino la veía frecuentemente. Sabía que muy probablemente para ella él era indiferente e incluso raro, pero en fin, le da mucho gusto verla. No saben cuanto. La veía y su corazón se ponía alegre.
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