Mucho tiempo pasó en la obscuridad. Aparecía en lugares inesperados, pero siempre con la satisfacción del deber bien cumplido. A pesar de todas esas grandes satisfacciones siempre se preguntaba. “¿Por qué no me dan la importancia que tengo? Cuando estoy cerca simplemente me utilizan y cuando vuelvo a la obscuridad solo escucho gritos de gente desesperada que me busca”.
En todo momento recordaba los primeros días de su existencia. Impecable y a la espera de una buena persona que le llevara consigo. Pasó poco tiempo y alguien se lo llevó y le dio el mejor trato que imaginó. Lo acompañó en una firma que le hizo recibir medicamentos que salvarían una vida, pero después de eso cayó al piso, lo patearon y fue a terminar arrinconado por muchos días marcados por el frío, la humedad y la indolencia de muchos.
“¿Será que valgo poco?” Se preguntaba. “¿Será que pagan muy poco por mí?” Mis semejantes del otro pasillo siempre finos y relucientes al menos acababan en “almohadas” de lujo y hasta los presumían y llevaban en finos atuendos.
El día en que Maduro cayó...ya no pudo. Lo agitaron y apretaron contra el papel. Ya no pudo dar más de sí y fue entonces que conoció la verdadera obscuridad. El bolígrafo de tinta azul prácticamente terminó su vida útil junto a un lápiz que al menos le habían sacado punta hasta donde empezaba la goma. (Autoría: Gilberto Quiroz)
