Gorditas de a kilo 馃摎


Son贸 el timbre tres veces seguidas y yo ya estaba en la puerta. La visita esperada, mis amigos. Uno de ellos llamado Daniel se hab铆a comunicado media hora antes para saber si pasaban por m铆 para platicar o hacer algo. Era s谩bado y ese d铆a, al igual que mis cuates, no trabajaba ni iba a la escuela. Ese tipo de reuniones se llevaban a cabo con frecuencia pero esa ocasi贸n fue especial, no por las guitarras, sino por la cena.

Todos quer铆an ir a Tacuba a comer los cl谩sicos taquitos de pollo rostizado. M谩s tarde recorrer Reforma en una hermosa camioneta era la opci贸n. A todos les gustaba ver a la Diana, pero esa vez, el padre de Arturo no accedi贸 a prestar el medio de transporte. La raz贸n para ir a ese lugar era conseguir enamorados que busquen serenata para su novia.

Todos los planes fracasaron as铆 que no qued贸 m谩s remedio que ir a la casa de una se帽ora que vend铆a comida. Hagamos algo diferente, dijo Daniel. Pidamos algo especial, agreg贸. ¿C贸mo?, contestamos en coro. Con tranquilidad pregunt贸 a la se帽ora. ¿Cu谩l es la gorda de chicharr贸n m谩s grande que pueda preparar? De un kilo para ustedes, le contest贸. Nuestro compa帽ero entonces busc贸 dinero en su bolsillo y despu茅s pidi贸 una para cada uno de nosotros.

El grupo era de cinco personas por lo que la orden tard贸 como dos horas pues no 茅ramos los 煤nicos clientes. Mientras tanto, tomamos las guitarras para cantar nuestras canciones acompa帽ados por el resto de la clientela. ¡Qu茅 noche! Las gorditas de chicharr贸n eran tan grandes que no nos alcanzaban las dos manos para tomarlas. Nadie se acab贸 ni la mitad de su raci贸n.

A otro d铆a los alimentos hallaron due帽o en nuestras casas. Los familiares s贸lo alcanzaron a decir ¡Qu茅 muchachos tan ocurrentes! Gorditas de a kilo. Lo que hacen por estar juntos. (Autor铆a: Gilberto Quiroz)