Cuando trabajaba en la Feria de Chapultepec los actores de la casa de los sustos aseguraban que en ese lugar habitaba una presencia extraña. Eso ocurrió hace diez años y actualmente ninguno de mis compañeros sigue laborando ahí. Se me hizo extraña la historia. No es que no la creyera, sino que se me hacía increíble.
En ese entonces corría la versión de que uno de los trabajadores se había desmayado en la casa del terror. Era la hora de la salida y no aparecía. Lo buscaron por todos lados hasta que lo hallaron con temperatura alta en una de las “celdas de castigo”. Inmediatamente fue llevado a un hospital en donde le diagnosticaron intoxicación por picadura de insecto. Al recuperarse, aseguraba haber visto a un hombre decrépito y bajo de estatura quien lo llamaba por su nombre.
Con sorpresa mi compañero de caminata balbuceó que acababa de renunciar a pegar sustos a los visitantes de ese centro de diversiones. “Hace un par de meses laboraba allí. Debes saber una cosa. Han pasado diez años y los rumores sobre un duende siguen vigentes. Mi mejor amigo, quien aún labora allí, sufrió repentinamente una crisis nerviosa que lo dejó sin habla todo un día”. ¡Qué coincidencia! (Autoría: Gilberto Quiroz)
