Sumergido en mis pensamientos, subi贸 un tipo al transporte y comenz贸 a gritar: “quiero billetes, quiero billetes hijos de su tal por cual”. Cuando me di cuenta hab铆a una pistola debajo de una playera, que inspiraba todo el temor del mundo y qued贸 la interrogante al aire. ¿Realmente ser谩 un arma? Todos petrificados por el miedo, quiz谩 pensaron lo mismo.
En tan poco tiempo, es m谩s, en unos segundos vi correr mi vida desde mi infancia hasta el 煤ltimo segundo de mi existencia. El coraje me embarg贸 y comprend铆 en carne propia porque algunas personas han querido hacerse justicia por su propia mano. Yo, una persona tranquila que siempre critic贸 la violencia, sent铆 unas ganas enormes de propinar un castigo al que pretend铆a despojarnos de nuestras pertenencias.
Baj贸 r谩pido, su cobard铆a ni siquiera la permiti贸 recoger el dinero que exigi贸 a punta de pistola. Se alz贸 una voz segundos despu茅s. El chofer estaba asociado con el ladr贸n. La gente volvi贸 la mirada para ver qui茅n hizo esa acusaci贸n y exigieron al chofer detenerse junto a una patrulla. La 煤nica pista fue una bolsa de basura, pero la esperanza de hallar al agresor se esfum贸 al percatarnos de que s贸lo era una forma de mantener la puerta trasera abierta del microb煤s para poder escapar.
Los polic铆as sin decir palabra desviaron de curso al transporte y dijeron: “vamos a la delegaci贸n”. Autom谩ticamente todos se pusieron de pie y dijeron: “no tenemos tiempo, tenemos que llegar a trabajar”. Y as铆 la impunidad volvi贸 a hacerse patente. Ahora ya comprendo, la inseguridad es algo real que debemos combatir para ya no vivir en una selva de asfalto. (Autor铆a: Gilberto Quiroz)
